sábado, 16 de noviembre de 2013

El Mejor Día de Tu Vida...

No te detengas en lo malo que has hecho; camina hacia lo bueno que puedes hacer.
No te culpes por lo que hiciste, decide no repetirlo.
No te mires con tus ojos, contémplate con la mirada de quien amas.
No pienses en lo largo que es el camino de tu transformación, sino que en cada paso que des estarás más cerca de ser lo que quieres ser.
No confíes en tus propias fuerzas; pon tu vida en manos de Dios.
No trates que otros cambien; comienza por tu propia vida.
Deja que el amor te inunde y no te defiendas de él.
Sólo contempla la meta y no veas lo difícil que es alcanzarla.
Vive cada día, aprovecha el pasado para bien y deja que el futuro llegue a su tiempo.
No sufras hoy por lo que viene, recuerda que "cada día tiene su propia finalidad”.
Busca alguien con quien compartir tus luchas hacia la libertad; una persona que te entienda, te apoye y te acompañe.
Ante cualquier provocación, trata de responder en lugar de reaccionar.
Si tu felicidad y tu vida dependen de alguien que no es Dios, estás apoyando la escalera en la pared equivocada.
Aprende a mirarte con amor y respeto.
Vivir Sirviendo, Vivir Amando.
¡¡Que éste sea el mejor día de tu vida, bendecido por el amor de Dios!!

La botella de leche...






Dos hermanos, uno de cinco y otro de diez años, iban por las casas pidiendo algo de comer. Estaban muy hambrientos, pero por más que rogasen por un poco de comida, encontraban una y otra vez el mismo tipo de respuesta: "trabajen y no molesten", "aquí no hay nada, pordioseros”... Pasaron así casi toda un mañana y finalmente, desanimados y tristes los niños se sentaron en un banco de la plaza. Una mujer, al verlos llorando, se compadeció de ellos y les entregó una botella de leche.

¡Qué fiesta! Ambos se sentaron nuevamente. El hermano mayor simulaba estar saboreando la leche, decía: “Qué exquisita está esta leche”, mirando de reojo al pequeñito.
"Ahora es tu turno. Sólo toma un poquito" Y el hermanito, le respondía: "¡Está sabrosa!"
"Ahora yo", dijo el mayor que seguía fingiendo, porque su propósito era que el pequeño se bebiera toda la botella.
"Ahora tú", "Ahora yo", "Ahora tú", "Ahora yo"...
La mujer, observaba esa escena con su rostro humedecido por las lágrimas, sin poder creer lo que estaba viendo. Esos "ahora tú", "ahora yo" quebrantaron su corazón...
Y entonces, sucedió algo que le pareció extraordinario.




El mayor comenzó a cantar, a danzar, a jugar fútbol con la botella vacía de leche. Estaba radiante, con el estómago vacío, pero con el corazón rebosante de alegría, brincaba con la naturalidad de quien no hace nada extraordinario, con la naturalidad de quien está habituado a hacer cosas extraordinarias sin darles la mayor importancia.

De aquel niño podemos aprender una gran lección: "Quien da es más feliz que quien recibe" Es así que debemos amar. Sacrificándonos con tanta naturalidad, con tal elegancia, con tal discreción, que los demás ni siquiera puedan agradecernos el servicio que les prestamos".

¿Cómo podrías hoy encontrar un poco de esta "felicidad" y hacer la vida de alguien mejor, con más "alegría de ser vivida"? ¡Adelante, levántate y haz lo que sea necesario!

Cerca de ti puede haber un amigo que necesita de tu hombro, consuelo, o quizás un poco de tu alegría y compañía.

Jesús te dice:
“Dios los bendecirá a ustedes, los que ahora pasan hambre, porque tendrán comida suficiente. Dios los bendecirá a ustedes, los que ahora están tristes, porque después vivirán alegres” Lucas 6:21


Miedos, pánicos y fobias...




Todos, desde niños hasta adultos, experimentamos miedos, timidez, vergüenza. Sentirse ansioso en una situación particularmente incómoda nunca es agradable. Sin embargo, cuando se trata de niños, experimentar este tipo de sentimientos es normal y necesario.
Sentir y lidiar con la ansiedad puede preparar a las personas más jóvenes a hacer frente a las situaciones del futuro.
La ansiedad y el miedo:
La ansiedad es una «aprensión sin una causa aparente» Suele ocurrir cuando no existe una amenaza inmediata a la seguridad o bienestar de una persona, pero se siente como algo real y el corazón late con velocidad, el cuerpo empieza a transpirar, la boca se seca y la mente se bloquea. En ciertos casos, cuando un niño siente miedo a determinadas cosas puede ser positivo porque hace que se comporte de una manera más prudente. Por ejemplo, un niño que tenga miedo al fuego evitará jugar con fósforos.
La naturaleza de las ansiedades y de los miedos cambia a medida que los niños crecen y se desarrollan: Los bebés experimentan ansiedad ante los extraños, abrazando fuertemente a sus padres cuando personas que no reconocen se acercan a ellos. Los niños de corta edad temen a cosas que no son reales, como los monstruos y los fantasmas.
A medida que los niños crecen, un tipo de miedo puede desaparecer o ser reemplazado por otro. Un niño que no puede dormir con la luz apagada a los cinco años, más tarde, quizás disfrute de una historia de intriga. Otros, tal vez, quieran acariciar a un león en el zoológico, pero tienen pánico a una araña.
Los niños generalmente temen situaciones u objetos específicos, después de haber tenido una experiencia desagradable, como la mordedura de un perro o un accidente.
Los adolescentes experimentan un tipo de ansiedad relacionada con la aceptación social y los logros académicos. La ansiedad asociada a situaciones sociales puede tener efectos a largo plazo. Por ejemplo: un niño con miedo a ser rechazado, puede dejar de aprender ciertos hábitos para relacionarse en la sociedad, facilitando su aislamiento.
Muchos adultos se sienten atormentados por miedos que comenzaron a partir de experiencias en la infancia. El miedo de un adulto para hablar en público puede ser el resultado de haber sido avergonzado frente a sus compañeros del colegio muchos años atrás.
Las fobias:
Cuando las ansiedades y los miedos persisten, pueden llegar a convertirse en fobias, es decir, un miedo que es extremo, severo y persistente.
Millones de personas de todas las edades, sufren de diversos tipos de fobias: Fobia a los insectos, a la oscuridad, a las alturas, a estar encerrado, a los espacios abiertos…
Pero la que más me llamó la atención es la «Teofobia»: Fobia a Dios. La Teofobia es un anormal e injustificado miedo a Dios.
Quienes padecen de esta fobia, piensan que Él los va a castigar por todo lo que digan o hagan y lo ven como un tirano, cruel, despiadado, implacable y violento.
La Biblia habla de temer a Dios, en el sentido de tenerle un profundo respeto, pero tener miedo a Dios, es algo muy distinto. Muchas personas viven en un constante estado de ansiedad y preocupación, pensando que Dios en cualquier momento los juzgará y castigará.
Si te sientes identificado con este tipo de fobia quiero decirte, que te han engañado. En algún momento de tu vida te han atemorizado con esa idea de Dios que no se corresponde con la verdad. Dios no es ningún verdugo, no está con un látigo en su mano esperando que hagas algo mal, para castigarte.
¡No! Dios no es así, todo lo contrario, es un caballero con mayúsculas. Su amor es incondicional y siempre está a tu lado dispuesto a perdonarte, guiarte y ayudarte, si reconoces tus errores y tu necesidad.
Hace unos años yo no podía hablar en público. Tenía lo que se llama «pánico escénico». Por todos los medios posibles intenté corregir este problema, pero no había forma. Hasta que un día le pedí a Dios que me ayudara a superar esta situación y a continuación fui a dar mi primera conferencia. Sin hacer nada especial, el problema se solucionó.
Si estás leyendo esta historia y sientes que estás atrapado en algún tipo de fobia, te animo a que hagas sencillamente lo que yo hice y verás cómo cualquier miedo que te esté paralizando, desaparecerá
.


¿Cómo es tu Fe?





¿Te has preguntando alguna vez, cómo es tu fe?
¿Es realmente sincera, o simplemente esta basada en hacer algunas cosas buenas?
La fe es un tema complejo de explicar, pero no difícil de entender.
Si tienes fe, confiarás ciegamente en las promesas que Dios te ha hecho, sin ponerle
 límites de tiempo, pues entenderás que para Dios el tiempo es relativo.
Si tienes fe, tu corazón estará lleno de serenidad, porque la paciencia es una virtud
que proviene de la fe.
Si tienes fe, mirarás al futuro con 
optimismo y esperarás confiadamente
 en lo que Dios tiene para ti.
Dios no deja promesa sin cumplir. En Su tiempo se cumplirá.
Pero a veces creemos por lo que vemos y no por fe, es decir por lo que no se ve.
 Deberíamos creer, en lo que Dios ha dicho, aun cuando no podamos verlo ni oírlo.
Ahí está la diferencia, si tienes fe, esperarás pacientemente, esperarás feliz, tranquilo, 
sin angustias, ni ansiedades, porque aunque tu ojos no lo vean, en lo más 
profundo de tú corazón, sabes que Dios está trabajando.
Porque aunque tus oídos no oigan, tu alma está segura que la respuesta llegará.
La mayoría de las veces creemos solo en lo que podemos ver, el día que empecemos a creer en  aquello que oído nunca escuchó, en aquello que ojo nunca vio, entonces grandes cosas 
acontecerán en nuestras vidas.
Porque Dios sabrá que tu fe, es una fe madura y Él hará que Sus promesas sean cumplidas en ti.
Recuerda, ten fe en aquello que tu oído nunca escuchó y en aquello que tu ojo nunca vio.
La grandeza de Dios es infinita y es para ti, EL solo te pide que confíes en él, que tengas Fe…
¡¡Confía en Dios y espera confiado, que con el tiempo, no solo responderá a tus necesidades, 
sino que también te dará todo aquello que 
anhela tu corazón!!

¡¡Cada uno da lo que tiene en el corazón!!





Una vez un hombre rico le entregó una canasta de basura a un hombre pobre.

El hombre pobre le sonrió y corrió con la canasta, la vació, la lavó y la lleno de flores y se la dio de regreso al hombre rico.

El Hombre rico asombrado le preguntó: ¿Por qué me la das llena de flores... Si yo te la di llena de basura?. El hombre pobre le contesta: "Porque cada uno da lo que tiene en su corazón".


2 Conrintios 9:7
Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Las tristezas del adiós...

Duele, pero en ocasiones no queda más remedio que decir adiós.
Unas veces nos despedimos de un amor, otras de un familiar o una amistad especial…

Decir adiós no es sencillo, y es especialmente difícil cuando la persona que se ha marchado de nuestro lado era un ser querido.

Pero debemos saber decir adiós, aceptar el final, y saber continuar pese al dolor de nuestro corazón.

Los temas de adiós y despedidas son muy difíciles tanto escribir como leer, porque un adiós significa que un vacío ha quedado en tu corazón. En nuestro paso por la vida hay muchos adioses que se dicen a personas que han pasado por nuestras vidas, amigos que se han alejado, amores que nos abandonaron o abandonamos, familiares que hemos amado con todo nuestro corazón y que la muerte se los llevó donde ya nunca mas volverán…

Por cada adiós hay un vacío, no es fácil cerrar los ojos y hacer de cuentas como que no está pasando nada en nuestras vidas, al contrario, de alguna manera son sueños que se nos han ido rompiendo.

Las tristezas del adiós pinchan como una aguja en el corazón.
-Diferentes adioses que hemos dado en nuestra vida-
Dolió ese adiós que tuviste que decir, quedaste con el corazón destrozado, tus lágrimas se secaron dejando ojos sin vida, sin luz, pensando en el adiós…

¿Son los demás quienes se marchan, o nosotros quienes nos quedamos? ¿Cual es la medida de la distancia, con los que mueren o con los que dejan de amarnos y simplemente nos olvidan?

¿Quién se va, quien se queda?
Una buena pregunta que nos hacemos. Quizás somos nosotros las que nos vamos y los demás quienes se quedan sufriendo… (Para pensar).

El olvido también es una forma de decirnos adiós, significa que ya no estamos en la vida de quienes se alejaron de nosotras; perder así a la persona que se ama es algo fuerte, es como que caminásemos por cuartos oscuros y no encontrásemos luz que nos ayude a salir de la soledad.
Duele mucho decir adiós
cuando nos aman y amamos.
Por eso nos duele tanto esa palabra, "adiós".
-Porque parece eterno-

Pero aun sabiendo el dolor que pasas, recuerda que el tiempo lo cura todo, aunque en ocasiones el proceso parezca interminable. Llegará el día en que despertarás queriendo volver a vivir, deseando renacer de nuevo.

La persona que ama sólo se da cuenta de todo el dolor que conlleva esa pena cuando algo termina, sobre todo cuando es algo definitivo y terminante. En cada etapa de nuestra vida más de una vez debemos decir adiós a alguien que hemos amado, cuando decimos adiós rompemos con todo el pasado y volvemos a ser tan libres como podamos.

-No pienses que tu vida acaba con el adiós-
Recordemos con amor y cariño todo aquello que hemos vivido, intentemos olvidar los adioses que nos han dicho y que también hemos dado nosotras mismas. Todos los días supone un constante recomenzar en nuestra vida, nada parece eterno, nada parece para siempre.
Recuerda que sólo muere lo que no era verdadero.

Sigamos con nuestras vidas,
con cada caída nos volveremos a levantar.
La experiencia nos servirá para madurar. Es bueno guardar silencio cada día, para ver qué nos pasa y hacia donde queremos ir. Debemos aprender a cerrar capítulos para volver abrir otros nuevos, pero con más experiencias y menos fallos. Es bueno que siempre nos miremos al espejo y sepamos desear seguir con nuestra vida, progresar, madurar, luchar y disfrutar.

Recuerda que todos los seres humanos estamos hechos para vivir acompañados, y por muchos malos momentos que hayamos tenido, lo más hermoso es poder volver a empezar, y saber que entre nosotras y nuestra pareja no habrá adioses porque con seguridad habremos encontrado la persona justa para nosotras.

Recuerda que para probar la dulzura de la vida, habremos probado la amargura.
El AMOR SINCERO será lo único que te hará feliz, eso es algo que mereces, puedes lograrlo…

Shoshan.

¡¡Buscando el Amor!!


John Powell, un profesor de Loyola University en Chicago, escribió esta historia basada en un hecho real, sobre un estudiante de su clase de Teología de la Fe, llamado Tommy.

Hace unos años atrás, estaba observando a mis estudiantes mientras entraban al salón de clases. Ese fue el primer día que vi a Tommy con su larga cabellera rubia. Sé que no es un asunto de importancia, pero por alguna razón, de inmediato catalogué a Tommy como una persona rara y extraña... muy extraña.

Tommy resultó ser el ateo de la clase. Él lo objetaba absolutamente todo, con una sonrisa sarcástica, o suspirando irónicamente ante la posibilidad de un Dios que nos ama incondicionalmente. Así y todo, el primer semestre transcurrió en una relativa paz.

Cuando se acercó para entregarme su examen final, me preguntó en un tono algo cínico,

-¿Cree usted que alguna vez encontraré a Dios?

-¡No!, por supuesto que no, le dije.

-¿Por qué no?, me respondió, yo creía que ése era el producto que usted estaba vendiendo.

Un poco molesto, me acerqué a Tommy y le dije:

-Creo que tú nunca encontrarás a Dios, pero estoy absolutamente seguro de que Él, te encontrará a ti, en algún momento de tu vida.

Se encogió de hombros, como si mi respuesta no le interesara y salió del salón de clases. Un tiempo después me enteré que Tommy se había graduado, pero también me contaron que Tommy padecía de una grave enfermedad.

Para mi sorpresa, Tommy vino a verme. Al entrar en mi oficina lo vi muy demacrado y su larga cabellera había desaparecido debido a la quimioterapia, pero sus ojos brillaban y su voz era muy firme.

-Tommy, he pensado mucho en ti, me contaron que estás enfermo, ¿es cierto?

-Oh, sí, muy enfermo, me respondió, tengo cáncer. Los médicos no me dan muchas esperanzas.

-¿Y como te sientes al pasar por esta situación con tan sólo 24 años?

-Bueno, podría ser peor.

-¿Cómo dices?

-Peor es llegar a los cincuenta años sin tener valores o ideales; o a los sesenta creyendo que beber, seducir mujeres y hacer dinero es lo más importante en la vida. En realidad vine a verlo por algo que usted me dijo el último día de clases. Le pregunté si creía que yo alguna vez a encontraría a Dios y usted me dijo que no. Pero recuerdo que usted añadió: Pero Él te encontrará a ti. Desde hace un tiempo estuve pensando mucho en esto y comencé una búsqueda muy intensa cuando los doctores me diagnosticaron que el tumor era maligno. ¿Alguna vez ha tratado de hacer algo con mucho esfuerzo, sin obtener ningún resultado? Eso es lo que me ocurrió. Empecé a golpear con mis puños las puertas del cielo, pero Dios no salió para abrirme.

Pero un día desperté y en lugar de estar lanzando mis reclamos inútiles por encima de ese muro de ladrillos a un Dios que posiblemente no estuviera ahí, me rendí. Decidí que en realidad ya no me importaba nada, ni siquiera la vida después de la muerte. Decidí pasar el tiempo que me quedara haciendo algo más provechoso.

Pensé en usted y en sus enseñanzas y recordé otra cosa que usted nos había dicho: La mayor tristeza es pasarse la vida sin amar. Pero sería igualmente triste pasar por la vida e irse sin nunca haberle dicho a los que uno ama, que los ama. Así que empecé por el más difícil, mi padre.

Él estaba leyendo el periódico y le dije: Papá

-¿Qué?, preguntó sin quitar sus ojos del periódico.

-Papá, quisiera hablar contigo.

-Bueno, habla.

-Papá, es algo verdaderamente importante.

Bajó el periódico lentamente, ¿De qué se trata?

-Papá, yo te amo. Sólo quería que lo supieras.

El periódico se cayó de sus manos. Entonces mi padre hizo dos cosas que no recuerdo que hubiese hecho antes. Lloró y me abrazó. Estuvimos hablando toda la noche. Me sentí muy bien de estar cerca de mi padre, de sentir su abrazo y de oírle decir que me amaba.

Fue más fácil con mi madre y con mi hermano menor. También ellos lloraron conmigo y nos abrazamos, nos dijimos cosas bonitas los unos a los otros y compartimos las cosas que habíamos guardado en secreto por muchos años.

Sólo me arrepiento de una cosa, de haber esperado tanto tiempo. Ahí estaba, comenzando a abrirme a todas las personas que siempre habían estado tan cerca de mí.

De pronto me di cuenta y me dije: ¡Aquí esta Dios! No vino a mí cuando yo le pedía. Me imagino que yo me porté con Dios como un entrenador de animales sosteniendo el aro para que saltaran: ¡Vamos, salta! Te doy tres días, tres semanas. Me di cuenta de que Dios hace las cosas a Su manera y a Su hora. ¡Me había encontrado! Usted tenía razón, me encontró aún después de que yo dejé de buscarlo.

-Tommy, le dije con un nudo en la garganta, -yo creo que estás diciendo algo muy importante. La manera más segura de encontrar a Dios: es la de no tratar de hacer de Él una posesión personal, un liberador de problemas, un consuelo instantáneo en tiempos de necesidad, sino abrirse al amor. Sabes, el apóstol Juan dijo eso: Dios es Amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en el.

-Tommy, ¿podría pedirte un favor? ¿Por qué no vienes a mi clase de Teología de la Fe y cuentas este importante testimonio? Si lo hago yo, no tendrá el mismo efecto que puede tener al contárselo tú.

-No sé, yo estaba listo para usted, pero no sé si para su clase.

-Piénsalo Tommy y si quieres hacerlo, llámame.

Pasó un tiempo y Tommy llamó al profesor:

-No voy a poder ir a su clase, le dijo. ¿Podría contarles usted mi historia? ¿Le contará usted al mundo entero, que Dios es Amor?

-Sí, Tommy, les diré a todos cómo Dios te encontró, será una gran satisfacción para mí poder hacerlo.

Pasaron pocos días y recibí la noticia, Tommy había partido de este mundo para encontrase para siempre con su amigo Jesús.

Beba esto durante treinta días: la gordura de su barriga va derretirse como una paleta.

Si está tratando de perder peso y quemar grasa, esta bebida que mostraremos hoy es súper efectiva para ayudarlo a lograr ese o...